Preguntas frecuentes
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Audición Plena de la Obra Musical, paso a paso…

  1. ¿Qué es?
  2. ¿Por qué y para qué?
  3. ¿Cómo?
  4. El cerebro, la mente y la música.
  5. ¿Por qué con música?

1. ¿Qué es?

La Audición Plena es un método de entrenamiento de la atención a través de una obra musical, cuyo objetivo es alcanzar el autocontrol de los pensamientos y la gestión de las emociones derivadas de ellos.

Se basa en una técnica india de meditación desarrollada por yoguis, hinduistas y budistas durante miles de años, cuyos beneficios físicos, mentales y emocionales han sido demostrados en occidente, desde los años setenta, a través de una gran cantidad de estudios y publicaciones en el ámbito de la psicología y la neurociencia. Sobre esta misma base se creó en los Estados Unidos un programa terapéutico llamado Mindfulness, el cual, desprovisto de todo significado religioso o espiritual, ha venido dando unos resultados excelentes.

La Audición Plena funde esta técnica de meditación con la de “inmersión musical consciente” para el análisis y la comprensión de las obras musicales. Durante una sesión entrenamos la capacidad natural de autoobservación de los pensamientos que surgen espontáneamente en nuestro cerebro. El objetivo consiste en llegar a ser capaces de gestionar las emociones derivadas de estos pensamientos, sin quedarnos atrapados en ellas.

2.- ¿Por qué y para qué

Nuestro cerebro siempre está activo. Es natural que genere órdenes automáticas para mantenernos vivos, por ejemplo, con la respiración o la digestión de los alimentos. Sin embargo, ese automatismo llevado a la mente consciente no nos beneficia. El constante monólogo interior produce un “ruido interno” que, conducido sin autocontrol por los estímulos diarios, por las experiencias pasadas o la incertidumbre del futuro, puede producirnos estrés negativo, bajo nivel de concentración, problemas físicos, malestar y, en definitiva, infelicidad.

Por el contrario, una mente entrenada y equilibrada se da cuenta de su propia dispersión, nos avisa de que estamos distraídos, en “modo automático”, con pensamientos recurrentes y sin conciencia del momento presente:

ï    Si estamos trabajando o estudiando nos avisa de que, bombardeados por el fluir de nuestros pensamientos, no estamos todo lo concentrados que necesitamos.

ï    Si estamos conversando nos advierte de que quizá no atendemos lo suficiente y tan sólo esperamos nuestro turno para replicar.

ï    Si, por ejemplo, paseamos o comemos, nos recuerda que nuestro monólogo interior nos impide disfrutar del momento.

Una mente atenta es muy beneficiosa para el manejo del estrés, la concentración y eficacia en el trabajo, la buena salud mental y física o la empatía con los demás. Darnos cuenta del momento presente, es una puerta abierta a la plena conciencia que nos proporciona la libertad de decidir cómo queremos vivir.

 

3.- ¿Cómo?

Si te das cuenta de que el cuento que te cuentas te perjudica, cambia el argumento

La clave está en la atención. Usada correctamente, la mente es un instrumento maravilloso, pero, como hemos visto, el problema aparece si el instrumento se apodera de nosotros y nos utiliza: entonces puede ser muy destructiva. El ruido se hace incesante, en forma de conceptos, etiquetas, imágenes, palabras o juicios que no nos dejan ver más allá.

La verdadera capacidad de “decidir cómo vivir”, pasa por liberarse de esta esclavitud. Si no podemos liberarnos de nuestra mente ni por un momento, entonces la mente nos está usando. Estamos siendo utilizados y no nos damos ni cuenta, porque nos identificamos completamente con nuestra actividad cerebral.

Podemos conseguir una mente consciente del monólogo automático mediante una técnica sencilla: sólo se trata de fijar la mente en A y, cuando ésta se desplaza a B, C, o D, darnos cuenta, observar y volver a A. La cuestión primordial es ejercitar ese “darnos cuenta” de que nos hemos distraído. La segunda es comprender por qué causa, y en qué dirección, deriva nuestra mente. La tercera es decidir dónde queremos tener la mente para sentirnos bien.

Conseguiremos parar el “ruido mental” creando un espacio sin actividad cerebral inconsciente en el que estaremos alerta y con plena conciencia… sin pensar. Ésta es la esencia de la meditación.

Pero no nos engañemos: esto es tan sencillo de entender como arduo de practicar. Somos hombres y mujeres occidentales sin tradición cultural en la meditación. Vivimos inmersos en la vorágine de un sistema que no valora el ejercicio de la actividad mental y hace difícil reservarle un espacio diario de 10 ó 15 minutos. Él se encarga de pensar por nosotros y mantenernos ocupados, presos de modelos de conducta aprendidos que dejan traslucir, tanto el rechazo de nuestro propio pasado, como el miedo a nuestro incierto futuro.

Es necesario tomar las riendas de la mente con una técnica eficaz que haga de la práctica un placer en sí misma. Por esto hemos desarrollado la Audición Plena, un método de inmersión consciente en la obra musical que utiliza los distintos planos sonoros como soporte de la atención.

 

4.- El cerebro, la mente y la música.

El cerebro es un órgano neuroplástico, lo que quiere decir que, aunque sus funciones se distribuyen entre áreas bien definidas y diferenciadas, éstas no se encuentran aisladas unas de otras como compartimentos estancos. En constante movimiento interior, nuestro cerebro crea nuevas conexiones neuronales según el aprendizaje, las experiencias o los pensamientos. Se conforma este órgano en un todo integrado (el encéfalo) a partir de tres partes fundamentales plenamente interconectadas y dependientes entre sí, que sirven de soporte físico a las tres funciones primordiales: de supervivencia, emocionales y racionales.

Tronco del encéfalo y cerebelo: funciones automáticas de supervivencia (respiración, latidos del corazón…)

Centros límbicos: funciones emocionales.

Neocórtex: funciones racionales.

 La mente es la propia actividad del cerebro, no un producto separado de ella. Pensar, sentir, emocionarse o percibir el mundo son funciones de la mente. El arte y, en concreto, la música, son productos de la mente.

La composición e interpretación musical requieren  una actividad cerebral intensa y variada. Las pruebas de resonancia magnética demuestran que, al interpretar una obra, el cerebro activa gran cantidad de regiones diferentes en toda su anatomía.

De la actividad del cerebro, con sus tres funciones básicas (de supervivencia, emocionales y racionales), surge la obra musical, un sistema de vibración sonoro cerrado en sí mismo, cuyos tres pilares fundamentales (ritmo, melodía y armonía) están en relación directa con las tres partes o funciones del cerebro.

 

5.- ¿Por qué con música?

“La música favorece la focalización e invita a la repetición”

El soporte físico natural de la obra musical es el cerebro del músico. Un músico entrenado puede incluso escucharla internamente en su cabeza, sin necesidad de emplear ningún instrumento musical. Su propio cerebro es el mejor instrumento para analizar, comprender e interpretar mentalmente la obra musical.

Un cerebro no entrenado, por otra parte, puede recordar música con bastante fidelidad, pero normalmente no es capaz de producirla ni interpretarla. Actúa sólo como receptor de la obra, transformando las ondas en sonidos.

Con la técnica de “inmersión musical consciente” utilizamos el cerebro como lo hace un músico cuando analiza las obras que desea aprender e interpretar, escuchándolas mentalmente. Esta inmersión produce un estado de flujo o armonía neuronal que favorece la práctica de la atención, potenciando los circuitos neuronales que le sirven al efecto, e inhibiendo el resto.

Durante la inmersión se “bucea” en la obra musical como en un mar transparente, con los ojos abiertos. Produce una gran satisfacción descubrir los distintos planos sonoros y ser capaces de fijar nuestra atención en uno u otro.

Aunque no deja de ser un ejercicio que requiere voluntad y constancia, la inmersión musical es un placer que invita naturalmente a la repetición, algo necesario para poder disfrutar de los beneficios de éste o de cualquier otro entrenamiento.